Dos renglones es lo máximo que se extienden todas las guías turísticas que tengo sobre Portugal al hablar sobre este pequeño pueblo, que ha sido una de las más gratas sorpresas que he tenido últimamente.
Pintoresco, aldea de postal o lugar único son palabras repetidas por los visitantes de esta pequeña aldea, de no más de una veintena de casas, en un extremo de la bonita Ría de Formosa, en el Algarve. Por supuesto olvídense de encontrar pensión allí y confórmense con los dos restaurantes que hay.
Poblado de origen fenicio y con una dilatada historia que habla de romanos, navegantes griegos y árabes; con restos de una muralla musulmana y una iglesia matriz del siglo XII. Tan vasta historia obedece a que desde esta antigua fortaleza se controlaban los barcos que accedían a la ría con destino a Tavira y Faro.
Pero a pesar de todo, lo que más llama la atención son, por un lado, sus encaladas casas con puertas y pretiles pintados de añil y sus chimeneas con forma de minarete, que nos recuerdan al Mediterráneo (a pesar de encontrarnos en el Atlántico). Por otro lado, sus impresionantes vistas del Parque natural de la Ría de Formosa y sus marismas, visibles desde el mirador junto a la iglesia. Las caprichosas figuras que crea el agua del río y los bancos de arenas que separan a éste del mar abierto, nos mantendrán entretenidos el tiempo que queramos y si nos apetece un chapuzón, una pequeña barca nos llevará a la playa. Pueblo de amables gentes y pescadores pendientes de las mareas para salir a mariscar. No se olviden de él si pasan por el Algarve.
Pintoresco, aldea de postal o lugar único son palabras repetidas por los visitantes de esta pequeña aldea, de no más de una veintena de casas, en un extremo de la bonita Ría de Formosa, en el Algarve. Por supuesto olvídense de encontrar pensión allí y confórmense con los dos restaurantes que hay.
Poblado de origen fenicio y con una dilatada historia que habla de romanos, navegantes griegos y árabes; con restos de una muralla musulmana y una iglesia matriz del siglo XII. Tan vasta historia obedece a que desde esta antigua fortaleza se controlaban los barcos que accedían a la ría con destino a Tavira y Faro.
Pero a pesar de todo, lo que más llama la atención son, por un lado, sus encaladas casas con puertas y pretiles pintados de añil y sus chimeneas con forma de minarete, que nos recuerdan al Mediterráneo (a pesar de encontrarnos en el Atlántico). Por otro lado, sus impresionantes vistas del Parque natural de la Ría de Formosa y sus marismas, visibles desde el mirador junto a la iglesia. Las caprichosas figuras que crea el agua del río y los bancos de arenas que separan a éste del mar abierto, nos mantendrán entretenidos el tiempo que queramos y si nos apetece un chapuzón, una pequeña barca nos llevará a la playa. Pueblo de amables gentes y pescadores pendientes de las mareas para salir a mariscar. No se olviden de él si pasan por el Algarve.
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