
Brasil, niños y fútbol es una trilogía que te persigue a lo largo de todo este inmenso país. Recorriendo los innumerables poblados y ciudades uno se explica cómo esta tierra ha dado tantos y tan buenos futbolistas.
Desde la más tierna infancia la única religión que se practica es la del fútbol que sólo necesita de dos niños y una pelota –si me apuras un solo niño- a partir de ahí el número de jugadores podrá ir creciendo hasta el infinito, ya que pocos se resisten a darle un toque a un balón cuando pasan junto a unos niños jugando.
Lo practican en cualquier lado, ya sean los descampados de cualquier favela o las transitadas playas de Río. Además a nadie le molesta; que envidia me da esto cuando recuerdo los carteles en muchas calles de mi ciudad prohibiendo jugar a la pelota.
Esta religión tiene su propio ritual y la gran mayoría de los practicantes alternan las camisetas de su club favorito o de la omnipresente selección nacional con las del Barcelona (indiscutible mayoría) o del Madrid.
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