
Mi guía de viajes dice que no debo preocuparme por mi seguridad en la capital albanesa, que siendo turista es muy poco probable que me atraquen o que me vea envuelto en ningún incidente de tipo violento. No lo quiero creer hasta que compruebo que nuestras bicicletas seguían en la puerta del bar, en el mismo lugar donde las habíamos dejado sin atar un rato antes. Por más que me lo habían dicho, no pude sino repetir la manida frase: “si no lo veo, no me lo creo”. En ese mismo bar donde nos encontrábamos, me cuentan que el viernes anterior habían asesinado a un hombre, en plena hora punta, “algo habría hecho” me dan como toda explicación cuando pregunto como es posible que la clientela del local no se haya resentido, más allá del engorro de policías y jueces de aquel día. Decididamente existen dos albanias y no parece que se crucen demasiado.
La seguridad ciudadana ya sé que no me debe preocupar en mis paseos por la ciudad; la de otro tipo sí, ya que el número de tapas de alcantarillas y de imbornales ausentes es demasiado alto; si no quieres tener un disgusto no debes andar por la calle sin ir mirando frecuentemente donde pisas, especialmente de noche, ya que las farolas iluminadas son también menos de las necesarias. Del tráfico mejor ni hablamos, en un país que tuvo prohibida la posesión de coches hasta hace poco más de 20 años y que la licencia de conducir se puede comprar sin necesidad de pasar por la autoescuela, no podemos esperar que los conductores conozcan cosas tan “innecesarias” como el código de la circulación.
Hablando de coches llama la atención el número de vehículos de alta gama que existe en un país considerado el de mayor número de Mercedes per capita del mundo. Mercedes de todos los modelos, tamaños y épocas, bastantes de ellos de cuarta mano, importados de Alemania, pero muchos otros flamantes y provocadores. Provocadores por el tamaño, el del vehículo y el de los bíceps de sus conductores, que van avisando desde lejos que con ellos mejor no meterse. Me dicen que a los capos de la mafia y a los políticos locales –que vienen a ser lo mismo aquí- además de por estas obviedades se les reconoce por las matrículas; todos estos coches llevan números capicúas, fáciles de recordar o graciosos, del tipo 007 (del 69 ni hablamos). De qué sirve ser un mafioso local si no se entera todo el mundo es lo que parecen ir gritando con este tipo de lenguajes que usan. Hoy tenemos que cambiar el lugar de las copas porque uno de estos “vips” ha querido celebrar su cumpleaños cerrando uno de los mejores locales de la ciudad. En la infranqueable puerta del local hay tantos gorilas impidiendo el acceso, como coches con matrículas “curiosas” aparcados en la puerta.
Pero no quiero que se lleven una mala impresión de Tirana, es una ciudad que sorprende, ya les he dicho que es muy segura y, aunque no lo dije, han podido deducir ya que tiene un importante número de restaurantes y locales de ocio que le garantizan una marcha increíble, así que noctámbulos y crápulas tienen diversión asegurada. Como todo el mundo habla inglés, tampoco hay grandes problemas de comunicación verbal; aclaro esto por que lo de la comunicación no verbal es otro cantar; como los búlgaros, cuando te mueven la cabeza de izquierda a derecha no te están diciendo que no, aunque tampoco es que sea que sí, un lío vamos, así que mejor hablar en inglés y con los mínimos gestos posibles.
Posibilidades de hacer turismo clásico pocas, realmente antiguo sólo hay una mezquita y un pequeño puente, el resto es todo moderno. Hay muchos edificios construidos el siglo pasado que me llaman la atención, no soy arquitecto pero apenas veo diferencias constructivas entre los edificios levantados por el fascismo y los que se edificaron durante la dictadura de Hoxha; está claro que la megalomanía y la estupidez no entienden de ideologías. Si, como es mi caso, les gusta la pintura del llamado realismo socialista han llegado al mejor lugar posible, el museo nacional tiene una de las mejores colecciones que se conservan, imprescindible, por tanto, visitarla.
En pleno centro, en lugar preferente, se alza una gran pirámide abandonada que se construyó como mausoleo del dictador (otra vez la megalomanía de las dictaduras) y ciertamente fue allí enterrado un ratito cuando murió. Cuando se cansaron exhumaron los restos y los enviaron al cementerio civil de Tirana, a una tumba normal, a la que según las guías nunca le faltan las flores (en realidad son de plástico). Así, sin comisiones de la memoria, sin consultarle a la familia y sin debates públicos, que esas son cosas de otros países. Ahora el gobierno quiere derruirla (la pirámide), no porque tenga problemas ideológicos, sino por pura especulación, que no deja de ser otro tipo de ideología.
El río Lana siguió la misma suerte que los tiranenses, durante la dictadura, y como símbolo de modernidad, fue encauzado, devaluándolo a la categoría de canal, olvidando instalar cosas tan prosaicas como depuradoras y filtros. En la actualidad se ha convertido en lugar desapacible con una importante población de ratas. No puedo dejar de pensar que quizás el río se ha convertido en metáfora de la ciudad.
A modo de conclusión puedo decir que la ciudad sorprende, uno llega con las expectativas muy bajas y, por tanto, siempre se va de allí con una sensación mejor que con la que entró. La gente es muy afable, el lugar muy seguro y la diversión está asegurada, además de ser una ciudad muy barata; sobre el resto, supongo que es cuestión de tiempo y paciencia.
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